Los dos edificios históricos que complicaron la Operación Canalejas

Se ha abierto el telón, la función va a comenzar. Los madrileños pueden disfrutar nuevamente de dos edificios emblemáticos de la arquitectura madrileña: el del Banco Hispano Americano (BHA) y el de La Equitativa, dos iconos de la ciudad de los que se han visto temporalmente privados por las obras de la Operación Canalejas.

La Operación Canalejas tropezó con serias dificultades ya en el momento de arrancar. La razón principal era que dos de los siete edificios afectados por las obras -la sede del Banco Hispano Americano, en Canalejas 1 y la del Banco Español de Crédito (Banesto) -conocido como edificio de La Equitativa-, en Alcalá 14-, están catalogados como Bienes de Interés Cultural y por tanto amparados por la máxima protección oficial.

Debido a ello, las obras han vivido un complicado proceso con la interposición de varias denuncias por parte de colectivos que consideraron el proyecto un atentado contra el patrimonio, han sufrido paralizaciones a causa de las acusaciones de la Fiscalía de Medio Ambiente contra el arquitecto Carlos Lamela por destrucción de elementos del patrimonio histórico y, finalmente, se han tenido que realizar algunas modificaciones en el diseño inicial a instancias del Ayuntamiento de la capital.

Edificios protegidos

Aunque ha habido muchas y de distinta índole, la gran dificultad con la que tropezó el proyecto de la Operación Canalejas desde el primer momento fue la necesidad de preservar íntegramente la identidad de esos dos grandes edificios históricos a los que afectaba la remodelación.

El edificio famoso que hace esquina entre la madrileña calle Alcalá y la de Sevilla fue la sede del Banco Español de Crédito y se ha conocido desde siempre como Palacio de La Equitativa, por haber sido esta compañía de seguros la propietaria inicial del mismo.

El autor de este edificio es el arquitecto barcelonés José Grases Riera, condiscípulo de Gaudí, que ha dejado en la capital otras muestras significativas de su talento, como el New Club, en la esquina entre Alcalá y Cedaceros, el Teatro Lírico de la calle del Marqués de la Ensenada —en la actualidad sede del Consejo General del Poder Judicial—, el Palacio Longoria de la calle Fernando VI —hoy sede de la Sociedad General de Autores y Editores—, o el monumento a Alfonso XII del Parque del Retiro.

El otro edificio legendario y protegido fue inicialmente sede del Banco Hispano Americano y tras varias fusiones bancarias terminó en manos del Banco Santander, que era el propietario cuando se formalizó su venta para iniciar la Operación Canalejas.

Es la obra póstuma del arquitecto asturiano Eduardo Adaro Magro, consolidado como uno de los arquitectos más acreditados del momento. Acababa de finalizar la construcción del edificio del Banco de España cuando se puso manos a la obra con el del BHA, en el que optó por un estilo más neobarroco y afrancesado que en sus anteriores proyectos.

El edificio fue inaugurado en 1906 aunque él, afectado por la tuberculosis, no pudo verlo concluido.

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