Tribuna firmada por Ildefonso Muelas Martín, fundador y CEO de Re-aviva Smart Rebuilding.
A través de la serie de proyectos ‘Las Centrales’, la firma Re-aviva reconvierte antiguas centrales y sedes de Telefónica en promociones residenciales y alojamientos turísticos, devolviendo valor y utilidad a activos obsoletos. De este modo, se optimiza el suelo disponible y se aprovechan al máximo las estructuras ya existentes.
Durante décadas, las ciudades crecieron incorporando grandes infraestructuras destinadas a prestar servicios esenciales: centrales telefónicas, edificios administrativos, instalaciones técnicas o inmuebles concebidos para actividades que, con el paso del tiempo, han dejado de responder a las necesidades para las que fueron creados.
Muchos de estos edificios han perdido su función original, pero no por ello han perdido su valor. Muy al contrario. En un contexto marcado por la escasez de vivienda, la necesidad de optimizar los recursos disponibles y la búsqueda de un desarrollo urbano más sostenible, estas infraestructuras representan una oportunidad extraordinaria para repensar la ciudad desde dentro.
Quizá una parte importante del futuro urbano no dependa tanto de seguir expandiendo nuestras ciudades como de aprender a interpretar de una manera diferente aquello que ya forma parte de ellas.
Esa es la reflexión que da origen a Las Centrales, una serie de proyectos desarrollados por Re-aviva que toma como punto de partida antiguas centrales y sedes de Telefónica para explorar una cuestión mucho más amplia: cómo determinadas infraestructuras urbanas pueden iniciar una segunda vida y volver a convertirse en piezas activas de la ciudad.
No se trata simplemente de cambiar un uso. Se trata de reconocer el valor que estos edificios siguen conservando décadas después de su construcción: su ubicación estratégica, la solidez de sus estructuras, su integración en barrios consolidados, las infraestructuras que ya los rodean y la memoria colectiva que forma parte del paisaje cotidiano de nuestras ciudades.

Dos proyectos ilustran especialmente bien esta forma de entender el reciclaje urbano.
La Central Vistalegre, en Madrid, representa el caso de una gran infraestructura de servicios integrada desde hace décadas en un tejido urbano plenamente consolidado. Su transformación dará lugar a una promoción de aproximadamente cuarenta viviendas residenciales de alta gama, demostrando cómo un edificio concebido para una función estrictamente técnica puede responder hoy a una de las principales necesidades de la ciudad: generar nueva vivienda sobre tejido urbano ya existente, sin consumir nuevo suelo y aprovechando infraestructuras que llevan décadas formando parte de Madrid.
Por su parte, La Central Benalúa, en Alicante, plantea una respuesta diferente, adaptada a la realidad de una ciudad con una fuerte vocación turística y una creciente demanda de alojamiento de calidad. El edificio se transformará íntegramente en un complejo de apartamentos turísticos, recuperando un inmueble que había quedado obsoleto y devolviéndolo a la ciudad con un nuevo papel económico y urbano. La intervención parte del respeto por su identidad arquitectónica y busca reforzar, al mismo tiempo, la actividad y la vitalidad del barrio de Benalúa.

Aunque ambos proyectos responden a programas distintos –vivienda residencial en Madrid y apartamentos turísticos en Alicante–, comparten una misma lógica. El reciclaje urbano no consiste en repetir soluciones, sino en encontrar el uso que mejor permite devolver cada edificio a la vida de la ciudad. Cada activo plantea unas condiciones específicas, unas necesidades diferentes y un contexto propio. Precisamente por eso, cada transformación debe ser única.
Esta forma de intervenir conecta con un concepto que irá adquiriendo cada vez mayor protagonismo en los próximos años. Frente a un modelo basado casi exclusivamente en la expansión urbana, el reciclaje urbano propone aprovechar el enorme capital construido que ya poseen nuestras ciudades. Significa adaptar edificios existentes a nuevas necesidades, reutilizar infraestructuras ya implantadas, reducir el consumo de recursos y acelerar la generación de vivienda y actividad allí donde la ciudad ya dispone de servicios, transporte y tejido urbano consolidado.
No se trata únicamente de una cuestión ambiental, aunque también lo sea. Es, sobre todo, una manera distinta de entender la evolución de nuestras ciudades: reconocer que la mejor materia prima para construir el futuro puede encontrarse precisamente en aquello que ya existe.
Las antiguas centrales de Telefónica constituyen un ejemplo especialmente sugerente de esta oportunidad. Durante décadas fueron edificios concebidos para conectar personas, información y servicios. Hoy, cuando aquella función ha cambiado, pueden volver a conectar la ciudad con algunas de sus necesidades más urgentes: vivienda, actividad económica, regeneración urbana y un uso más inteligente del patrimonio construido.
Y esta historia continúa. Re-aviva trabaja actualmente en una tercera actuación sobre otra antigua infraestructura de servicios que, previsiblemente, pasará a formar parte de la serie Las Centrales como un nuevo proyecto residencial. Será un nuevo ejemplo de cómo edificios concebidos para conectar la ciudad en el pasado pueden volver a hacerlo desde una función completamente distinta, respondiendo a algunas de las necesidades más importantes del presente.
En Re-aviva hemos convertido esta manera de entender la transformación urbana en el eje de nuestra actividad. Creemos que el verdadero potencial de muchas ciudades no está únicamente en los nuevos desarrollos, sino también en la capacidad de reinterpretar el patrimonio construido para adaptarlo a las necesidades del presente y del futuro.
Por eso hablamos de reciclaje urbano. Porque no se trata simplemente de rehabilitar edificios o cambiar sus usos, sino de devolver valor a activos que parecían haber agotado su recorrido y convertirlos de nuevo en vivienda, actividad, empleo y ciudad.
No entendemos el reciclaje urbano como una técnica constructiva, sino como una manera de pensar la ciudad. Una forma de mirar primero lo que ya existe antes de ocupar nuevo suelo; de descubrir oportunidades donde otros ven obsolescencia; y de demostrar que muchas veces el futuro comienza precisamente en aquello que parecía haber terminado.
Porque la ciudad del futuro, en gran medida, ya está construida. Y en Re-aviva creemos que la mejor manera de construir ese futuro es empezar por aquello que ya existe. No rehabilitamos edificios. Reciclamos ciudad.









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