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La sostenibilidad, también un asunto de rentabilidad

Tribuna de Paula Albaladejo, directora de Project & Development Services para el Clúster Sur de Europa de JLL.

La sostenibilidad ha entrado de lleno en la agenda de todas las compañías que operan a nivel global, y muy en especial en aquellas que lo hacen en el marco de la Unión Europea, que se ha propuesto convertirse en la primera economía mundial con cero emisiones de carbono.

La industria inmobiliaria, responsable de casi el 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, se encuentra inmersa en este nuevo contexto operativo y se ha visto obligada a redefinir sus objetivos en términos de ESG (ambientales, sociales y de gobernanza), y adherirse a una hoja de ruta con un impacto ambiental positivo a corto plazo.

Este nuevo paradigma viene motivado principalmente por tres causas. La primera de ellas es la reputación de las compañías, la cual está cada vez más vinculada a su compromiso con la mitigación y adaptación al cambio climático. Esto afecta a todos los actores de la cadena inmobiliaria, desde los desarrolladores y operadores hasta los inquilinos e inversores.

Además, existe una creciente regulación que exige el cumplimiento de criterios sostenibles. El incumplimiento de estas normativas no solo puede conllevar multas regulatorias, sino también la posible exclusión de los principales mercados, especialmente en Europa. Ejemplos de estas normativas son la Directiva Europea sobre Eficiencia Energética de Edificios y el Reglamento de Divulgación de Finanzas Sostenibles (SFDR), las cuales establecen criterios claros y obligatorios para medir la sostenibilidad.

“Existe una creciente regulación que exige el cumplimiento de criterios sostenibles. El incumplimiento de estas normativas no solo puede conllevar multas regulatorias, sino también la posible exclusión de los principales mercados, especialmente en Europa”

Y, por último, es fundamental tener en cuenta que la integración de criterios sostenibles es crucial para proteger el valor de los activos. Si no se tienen en cuenta las iniciativas de descarbonización y se ignoran los factores ESG, existe un riesgo significativo para el valor de los edificios. En este sentido, según la Encuesta Futuro del Trabajo 2022 realizada por JLL, hasta un 74% de los inquilinos están dispuestos a pagar un alquiler más alto por ocupar espacios más sostenibles.

Sin embargo, la industria inmobiliaria enfrenta un gran desafío para alcanzar los objetivos de descarbonización. Según los datos recopilados por la Unión Europea, solo los activos residenciales y de oficinas en la región representan el 12% de las emisiones globales de carbono. Además, más del 75% de estos activos no son energéticamente eficientes y no cumplen con los requisitos normativos establecidos para 2030 y 2050. El ritmo de renovación anual de estos activos es de aproximadamente el 1%, lo que demuestra que se necesita una gran inversión para alinearse con los objetivos de descarbonización. Desde JLL estimamos que se requerirían hasta tres billones de dólares de inversión para adaptar los edificios a las nuevas demandas de sostenibilidad y reducir su huella de carbono a nivel mundial, así como triplicar la tasa de rehabilitación del stock existente.

Para poder abordar de manera eficaz el reto que tenemos por delante, se ha puesto de manifiesto la necesidad de apalancarse en soluciones digitales eficaces. La Unión Europea ha denominado a este enfoque The Twin Transition y reconoce que el proceso de descarbonización no puede lograrse sin el respaldo adecuado de datos y la tecnología necesaria para interpretarlos y gestionar medidas de mitigación efectivas. Por ejemplo, es fundamental medir de manera precisa y homogénea el uso y consumo de los activos. Este punto de partida es crucial para comprender las pautas operativas de los espacios, compararlos con activos de referencia y anticipar eficazmente los escenarios de inversión y su impacto en la huella de carbono.

“Si no se tienen en cuenta las iniciativas de descarbonización y se ignoran los factores ESG, existe un riesgo significativo para el valor de los edificios”

Por otro lado, el contexto en el que se regula, mide y compara la sostenibilidad no siempre es claro y está en constante evolución. Esto dificulta la comprensión y adopción de medidas efectivas y sostenibles, no solo desde una perspectiva ambiental, sino también económica. En este sentido, es fundamental traducir los objetivos ESG en métricas precisas, sencillas y homogéneas para trazar planes de inversión controlables y medibles.

Otro de los grandes retos a los que la industria inmobiliaria se enfrenta es el elevado número de actores que pueden y deben contribuir de manera clara y coordinada al proceso de descarbonización. Sin embargo, sus objetivos y áreas de especialización están fragmentados y, a veces, desalineados. Es crucial estructurar soluciones integradas de principio a fin, para comprender el objetivo último y articular de manera adecuada las medidas a tomar en cada etapa del proceso, sin perder la perspectiva global.

Por último y no menos importante, el coste de capital que conllevan estas adaptaciones también juega un papel fundamental y dadas las circunstancias actuales de la economía, es necesario adoptar estrategias de inversión prudentes y bien planificadas que maximicen el retorno de cada euro invertido en un activo. En este contexto, es fundamental analizar escenarios de descarbonización a corto, medio y largo plazo, adaptándolos a los planes de inversión naturales de los activos (teniendo en cuenta posibles cambios de inquilinos, obsolescencia de sistemas, ajustes de uso, etc.).

«La integración de prácticas sostenibles en la actividad de todos los eslabones de la cadena del valor del negocio inmobiliario crea un círculo virtuoso en el que incentivos normativos y beneficios empresariales y corporativos apuntan en la misma dirección”

Se espera que las ciudades dupliquen su tamaño en el 2050. Ante este panorama, el sector inmobiliario tiene la obligación de generar tramas urbanas sostenibles para que los desarrollos sean compatibles con la disponibilidad de recursos, con el bienestar social de sus habitantes, y al mismo tiempo garantizar rentabilidad y resiliencia del negocio inmobiliario. Con una visión compartida, objetivos de descarbonización bien establecidos y el marco regulatorio existente, contamos con las herramientas necesarias para construir un futuro sostenible. Esta es nuestra oportunidad para contribuir significativamente en la lucha contra el cambio climático y convertir el sector inmobiliario en un pilar de la economía baja en carbono del futuro.

En definitiva, la integración de prácticas sostenibles en la actividad de todos los eslabones de la cadena del valor del negocio inmobiliario –promoción, construcción, arrendamiento, explotación, operaciones de compraventa, etc.– crea un círculo virtuoso en el que incentivos normativos y beneficios empresariales y corporativos apuntan en la misma dirección. Si todos los actores del sector inmobiliario son capaces de situar la sostenibilidad en el centro de su actividad y su estrategia de negocio, todos los stakeholders del sector: ciudadanos y consumidores, inversores y compañías nos veremos muy beneficiados. Esta visión compartida no solo mejora nuestro entorno construido, sino que también construye un futuro más próspero y sostenible para las próximas generaciones.

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