Los aparejadores alertan del peligro de colocar piscinas portátiles en pisos y terrazas

Las altas temperaturas y los protocolos sanitarios derivados del estado de alarma impuesto por el coronavirus provocarán que en muchos hogares se planteen colocar piscinas portátiles, una decisión que puede ser peligrosa, especialmente si lo que se pretende es instalar la piscina hinchable en alguna planta de un edificio, y especialmente en terrazas y balcones, según advierte el Colegio de Aparejadores de Madrid.

Los especialistas del Gabinete Técnico de esta institución informan que antes de instalar una piscina en casa hay que tener algunas medidas de seguridad y saber dónde se puede instalar  y que dimensiones debería tener y avisan que es fundamental conocer la sobrecarga que admite el forjado, su estructura y el año de construcción del inmueble.

Especialmente insisten en que deben tenerse muy en cuenta las características del forjado que va a soportar el peso de la piscina con bañistas dentro. “El forjado, como elemento estructural, está concebido para unas determinadas sobrecargas de uso. Por ejemplo, para que aguante estanterías, muebles, camas, reuniones para una comida y ejemplos similares”, indica David Arias Arranz, miembro de la Asesoría Tecnológica del Colegio de Aparejadores de Madrid.

Esta sobrecarga admitida depende en buena medida de dos factores: el año de construcción del inmueble y el tipo de estructura del forjado. A mayor antigüedad, mayor limitación, teniendo en cuenta que el cálculo de la sobrecarga de la normativa de aplicación de la época, en edificios muy antiguos, ni siquiera pudo haberse tenido en cuenta. En estos casos, el riesgo puede ser mayor y la necesidad de análisis, alta.

En un piso en altura o en un balcón, el sobrepeso no debería exceder de 200-300 kilos por metro cuadrado y la altura del agua no debería superar los 25 centímetros

Según David Arias, “el tipo de estructura que compone el forjado es otro elemento fundamental, pues su resistencia a la sobrecarga varía enormemente. No es lo mismo un forjado de madera que uno de hormigón, uno de acero o uno mixto”. Además, según este experto, “es importante conocer el estado estructural del edificio por si tuviera alguna patología previa, como lesiones, grietas, armaduras o vigas de acero oxidadas”.

Teniendo en cuenta todos estos factores, la precaución y el sentido común aconsejan, según el Colegio de Aparejadores, que la sobrecarga del forjado oscile entre 200 y 300 (como mucho) kilos por metro cuadrado. Por ello, la profundidad (altura de la lámina de agua) no debería superar, en plantas de edificios y terrazas, los 2030 centímetros en uso, algo importante a tener en cuenta porque el volumen y pesos son muy diferentes en función del número y características (niños, adultos…) de los bañistas en la piscina.

¿Y la ubicación?

Según  Arias Arranz, “las zonas de borde de piscinas son las más desfavorables. Se debe intentar colocarlas en las zonas de encuentro entre viga y pilar. Imaginemos un trampolín: si me pongo en el borde (como si fuera a saltar) se curva (se flecta). En cambio, cuando estoy al inicio del mismo (empotramiento) no se deforma en absoluto”.

Si la piscina se quiere instalar en un piso bajo, en contacto con el terreno, “podemos estar más tranquilos”, indica este aparejador, “ya que la resistencia característica del mismo (lo que aguanta) es perfectamente asumible para cualquier piscina estacional o provisional (las típicas de temporada desmontables), pudiendo alcanzar 60, 70 y hasta 80 centímetros de altura sin problema”.

En cualquier caso, el Colegio de Aparejadores de Madrid recomienda contar con un arquitecto técnico que analice y evalúe todos estos parámetros, pues en casos extremos podríamos asistir a una desgracia sobrevenida.

 

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