Por Nick Wride, director de Living y Activos Alternativos de JLL España.-
Una persona joven que busque emanciparse y alojarse cerca de su trabajo, en una zona con ambiente, dentro de una comunidad y con servicios indispensables para su generación como son la lavandería, gimnasio, co-working, limpieza y, sobre todo, el WiFi. Un emprendedor que no puede permitirse el alquiler de un apartamento y busca convivir con gente con la que retroalimentar sus ideas de negocio. Una consultora que trabaja en proyectos puntuales de ciudad en ciudad y busca una solución habitacional más económica y personal que un hotel y, de paso, con más vida que la de un lobby.
Este es un fenómeno global que tiene, como no podría ser de otra forma, su eco en España, tras haberse demostrado como un modelo de éxito en múltiples ciudades en Estados Unidos, Europa y Asia, como una evolución natural del co-working. Y es que parece lógico que gente que aprende a convivir en espacios de trabajo compartidos quieran intentar ampliar esta experiencia al conjunto de sus necesidades de espacio durante un periodo.
Aquí, a la hora de ofrecerles una alternativa habitacional, si nos salimos de las opciones tradicionales como el alquiler o la compra, navegamos sin rumbo. Cualquiera que quiera apostar por brindar una solución habitacional que esté situada en zonas atractivas, con servicios compartidos y adaptadas a las necesidades que demandan las nuevas generaciones, está perdido. No en el sentido de que es una empresa fútil, ya que es un mercado con una demanda cada vez mayor, si no porque no tiene a qué atenerse.
Nick Wride: “Solo falta que se cree un marco regulatorio que facilite la puesta en marcha de los co-livings en España”
Antes de emprender cualquier proyecto, es indispensable tener conocimiento claro de cuáles son los techos, suelos y posibilidades que nos limitan. En otras palabras, cuáles son las reglas del juego. Una hoja de ruta que brilla por su ausencia cuando hablamos de las viviendas de uso compartido, o co-livings, en España. Lamentablemente, todavía no se han planteado regulaciones para marcar las pautas y aquellos que quieren sumarse a este fenómeno mundial dentro de nuestras fronteras no tienen en qué fijarse.
Normativa residencial
En Madrid y Barcelona, por ejemplo, la normativa residencial para la nueva construcción exige unas superficies útiles de entre 35 y 40 m2 por apartamento y, aunque permite el proyecto de vivienda compartida, las altas dimensiones de las unidades eliminan gran parte del espacio destinado a zonas comunes, lo que mata la esencia del concepto de co-living.
Pero, ¿qué supone esta solución habitacional? ¿En qué consiste este nuevo fenómeno mundial que ofrece alternativas habitacionales a personas que buscan alojamiento, servicios y comunidad pero que solo necesitan un espacio privado modesto?
Empecemos por definir lo que buscan sus usuarios, sus demandas y requisitos. Son gente que espera recibir flexibilidad en cuanto a espacio y tiempo. No piden cuatro paredes, sino que van mas allá y esperan tener espacios compartidos y poder formar parte de una comunidad que les ayude a crecer personal y profesionalmente. Esto responde a las nuevas formas de trabajar, en las que los individuos están más abiertos a trasladarse geográficamente y a desempeñar funciones en proyectos puntuales.
Estos espacios ofrecen a los usuarios o residentes una habitación privada de superficie útil pequeña, de menos de 30 metros cuadrados, pero con muchas zonas comunes e instalaciones y servicios como pueden ser un gimnasio, una sala de cine, un bar y un restaurante, espacios co-working o cocinas “show cooking” y salas de multi-uso.
Todas ellas germen del complemento más intangible que conlleva estos activos residenciales, la generación de una comunidad. Una solución que no solo sirve para los jóvenes emancipados, también para trabajadores que se mudan a una ciudad distinta durante un periodo de tiempo específico, y cualquier otro tipo de demanda que hoy no tiene una alternativa de oferta clara. Por ello, no se comprende el espacio atribuible a cada persona como solamente el que ocupe su habitación, sino por el conjunto de las zonas comunes.
El hecho de que carezcamos de una regulación específica no debería hacernos llevar las manos a la cabeza por esta situación. Es comprensible que todavía no existan conceptos urbanísticos específicos para los espacios co-living al tratarse de un modelo tan nuevo.
Entre las opciones que hemos identificado y a las que adherirse mientras se solventa este vacío, recomendamos plantear el negocio por la vía del apartotel, ya que permite su desarrollo en suelo hotelero o terciario y tiene una normativa que contempla la oferta de unidades pequeñas y con servicios compartidos. ¿La pega? Estos alquileres estarían sujetos al IVA y repercutiría en el coste real para el usuario finalista.

Contamos con algunas de las ciudades más atractivas para la captación del talento en el mundo. Hoy, un profesional puede ejercer perfectamente su trabajo desde un portátil. Ante eso, si puede elegir, preferirá ir a un país de cultura abierta y calles vivas, donde brilla el sol más de lo que llueve y donde todas las personas son bien recibidas.
A esto se suma el prestigio de nuestras escuelas de negocio y la llegada de nuevas industrias a nuestro mercado laboral. Todo suma y hace del co-livings un factor más de impulso para la diferenciación y competitividad del mercado laboral español.
Sin embargo, y al mismo tiempo, la evolución de los precios del mercado inmobiliario, sumada al poco poder adquisitivo de muchos jóvenes y emprendedores hace que algunas de las mejores zonas residenciales de las principales ciudades de España sean inalcanzables para ellos. Algo que cambia de forma radical con la aplicación del co-livings que provee a sus residentes la posibilidad de estar situados en aquellos barrios más privilegiados.
Sostenibilidad
Asimismo, el mundo también atraviesa un periodo de cambio a favor de la sostenibilidad. Cada vez somos más conscientes de la importancia del entorno que nos rodea y buscamos reducir nuestra huella para preservar el medioambiente para legarlo a las generaciones venideras. Las soluciones que se encuentran son muchas y desde la perspectiva de los usuarios se centran en el consumo compartido.
Compartimos oficinas con otras empresas, viajamos en coches compartidos, nos financiamos compartiendo proyectos con el mundo y, el lugar donde vivimos, no es una excepción. El co-livings conlleva de forma intrínseca una optimización de los espacios urbanos que ayuda a rebajar el impacto de sus residentes.
Pero esto no es solo responsabilidad de las autoridades pertinentes. Los usuarios, las empresas, los vecinos y nosotros los profesionales del sector tenemos una culpa mayor, si cabe. Este es un camino que hemos de andar todos de la mano para definir una regulación que sea justa y ponga sobre la mesa un tablero claro, que genere una confianza capaz de atraer la inversión de capital español e internacional y, así, ayude a dinamizar un sector estancado.
Una cuestión está clara: hay demanda sobrada para estos productos y múltiples inversores están dispuestos a apostar por ellos. Solo falta que se cree un marco regulatorio que facilite la puesta en marcha de los co-livings en España.
Más información, en nuestra revista inmobiliaria.








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