Edificios Smart sostenibles y seguros

Por Carlos Pueyo, socio y director de Project & Development Services de Cushman & Wakefield.-

La digitalización y la transformación tecnológica son dos factores que afectan a cada vez más áreas de la actividad económica cotidiana. El sector inmobiliario no es ajeno a este proceso disruptivo, y una de las tendencias que más estamos viendo en los últimos años es la de los edificios Smart o inteligentes. Hablamos de inmuebles con muchos sensores que permiten la interacción directa, y en tiempo real, con los usuarios y con los responsables de su mantenimiento. Estos edificios son, por tanto, espacios interactivos y dinámicos.

Los edificios Smart destinados a oficinas se están convirtiendo en la base de las nuevas formas de trabajar y de las estrategias de atracción del talento

Muchos de estos inmuebles se destinan a oficinas, y, por extensión, se están convirtiendo en la base de las nuevas formas de trabajar y de las estrategias de atracción del talento. Ante el auge que estamos observando en la demanda de este tipo de edificios por parte de las empresas, podemos afirmar que los espacios tradicionales y convencionales están obsoletos.

Los edificios Smart, en este sentido, contribuyen a que las empresas puedan generar nuevos entornos de trabajo, son más sostenibles y representan la base del diseño de las nuevas sedes corporativas. Los espacios del futuro deberán maximizar la productividad, y las empresas cada vez apuestan más por romper el tándem mesa-puesto de trabajo. Los servicios tecnológicos harán esto posible.

Las soluciones basadas en las nuevas tecnologías se integran en todas las fases del desarrollo y construcción de los edificios, y afectan a todos los aspectos de su funcionamiento diario. Como consecuencia, las ganancias comprobables de eficiencia, confort, funcionalidad, conectividad y accesibilidad explican el crecimiento experimentado en los últimos años.

No obstante, pese a sus claros beneficios, los edificios Smart arrojan algunas dudas respecto a su seguridad y su capacidad para proteger los datos de las empresas. Que los inmuebles del futuro sean más “inteligentes” no implica necesariamente que sean mejores en términos de ciberseguridad. La flexibilidad que ofrecen las compañías a los empleados puede volverse en su contra y generar “brechas” de seguridad.

La posibilidad de que los trabajadores lleven sus propios dispositivos para trabajar (móviles, ordenadores o tablets personales), por ejemplo, puede generar puertas de entrada a datos relevantes. De hecho, la gran variedad de periféricos que se conectan a la infraestructura de los edificios Smart son pequeñas ventanas de acceso para que los criminales puedan lograr el control de los mismos.

Imaginemos, por ejemplo, que un cibercriminal accede al control de temperatura de un centro de datos. En cuestión de segundos, podría apagar el aire acondicionado en salas especialmente críticas, como la de los servidores, con los riesgos que ello conlleva en términos de protección de datos.

Los riesgos para la ciberseguridad ponen en una situación peligrosa tanto a los dueños, como a los inquilinos y a los propios empleados de las compañías que operan en los edificios. Además, son potenciales fuentes de generación de costes imprevistos. Según un estudio de IBM Security y Ponemon Institute, realizado en 2018, el coste medio de una fuga de datos corporativos se situó el año pasado en 3,86 millones de dólares, un 6,4% más que en 2017.

Por todo lo anterior, debemos señalar que la tecnología Smart aplicada a los edificios debe ser lo más segura posible y contar con un plan continuista. Una vez que hayamos conseguido los necesarios cortafuegos de seguridad, podremos disfrutar de la proliferación de dispositivos conectados y de todo lo que rodea a la revolución del llamado Internet de las Cosas (IoT, por sus siglas en inglés).

Los pasos que debemos dar

Para asegurar un uso seguro de la tecnología en los edificios Smart, deberemos contar con una estrategia sólida. El primer paso, relacionado con la arquitectura, tiene que ver con el diseño de las comunicaciones del edificio. Éstas deben asegurar las conexiones, especialmente de terceros, y proporcionar los controles necesarios para mitigar riesgos potenciales.

El apropiado mantenimiento de la tecnología también es necesario, con parches y actualizaciones constantes para cerrar posibles agujeros de seguridad y mejorar la funcionalidad. Esto incluye, además, mecanismos para un mejor control de accesos, que aseguren que sólo las personas correctas acceden a los sistemas.

La aplicación de las normas de seguridad más estrictas también ayuda a proteger los datos de las compañías. Por ejemplo, se puede aplicar una normativa que impida a los empleados reutilizar contraseñas en distintos dispositivos o que las compartan con los compañeros. El control de la actividad en la red también es importante, y para ello existen sistemas que la “escanean” y registran los datos compartidos entre los dispositivos.

 

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