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Cambios habitacionales que generan nuevos espacios de trabajo

Tribuna firmada por José María García, director del departamento RICS y análisis económico de Gloval.

Los nuevos espacios de trabajo han cambiado, adaptándose a esas formas habitacionales que demandan las nuevas generaciones y que deben contemplar altas dosis de tecnología, flexibilidad, libertad, cultura, innovación y sostenibilidad.

En España, al igual que ocurre en otros países desarrollados del mundo, las formas habitacionales que marcan la tendencia de las nuevas generaciones -como jóvenes recién terminados sus estudios o con su primer trabajo, grupos monoparentales, parejas sin hijos y otros- se inclinan y apuestan por cualquier forma que contenga flexibilidad, incorpore tecnología (IA) o simplemente, la no permanencia en una ubicación para siempre; todos inmersos dentro de un contexto social y político cambiante y nada estático.

Estos cambios de la sociedad empujan a otros segmentos del inmobiliario a adaptarse igualmente, como en el caso de los espacios de trabajo que guardan una alta correlación y son, en gran parte, una consecuencia de los movimientos originados por el residencial, encuadrados dentro del denominado flex (living o working).

Por tanto, los nuevos espacios de trabajo han cambiado y se adaptan a esas nuevas formas habitacionales con el comodín de la tecnología, que modifican el uso y diseño de los productos residenciales, hospitality y los espacios laborales. La tecnología y la IA facilitan a personas y bienes a moverse a mayor velocidad, con menores costes y a adaptarse más rápido a los cambios y que en el ámbito de los espacios laborales, rompe con los patrones y estilos clásicos, de ocupar espacio físico durante la jornada laboral, reuniones en la oficina, desplazamientos, consumos de tiempo, conciliación familiar, pero también responsabilidad y que permite a las empresas generar valor con estas transformaciones, haciéndoles más ágiles y menos verticales.

“En España, como en otros países desarrollados, los espacios laborales han cambiado y se adaptan a las nuevas formas habitacionales flex con el comodín de la tecnología”

La aparición de la “oficina 2.0” ofrece reposicionar muchos inmuebles obsoletos, lejanos y vacíos, en otros espacios más deseados y necesarios a la demanda residencial que no se desplaza al lugar de trabajo, que diluye el tráfico y que potencia la salud.

A través de dicha estrategia de reposicionamiento, los grandes propietarios de oficinas pueden dotar a sus inmuebles de mayor flexibilidad y disponibilidad permitiendo que sus inquilinos puedan cambiar de oficina eligiendo entre las ubicaciones disponibles, según mejor les convenga en cada momento, y ocupar espacios libres de trabajo (espacios coworking) en una u otra ubicación; o propiciar que una compañía reposicione los metros que tiene alquilados para oficinas para ajustar gastos, reduciendo espacios para el mismo número de empleados, jugando con la alternancia de horarios y/o días, a fin de que el mismo puesto físico sea amortizado por más de una persona.

Otra tendencia que vuelve es la de entender el trabajo como una actividad multidisciplinar en sectores que requieren muchos perfiles diferentes y que se juntan para un proyecto concreto o actividad específica durante un período de tiempo fijado y que luego se disuelven, para no cargarse de estructuras fijas. Pues bien, este tipo de sectores también se ajusta a la utilización de espacios de trabajo compartidos o coworking, como proyectos de infraestructuras, o proyectos para desarrollar una tecnología, una app, una película, etc.

La estrella transformadora ha sido el teletrabajo, que se impuso como consecuencia de la pandemia, al pasar el personal de la empresa menos tiempo en la oficina, incurriendo esta en ahorros de costes, tiempos, y reorganizando sus espacios. El modelo ha ido mutando, pasando de ubicaciones descentralizadas en las grandes ciudades a dar opción a compaginar productividad y tiempo personal; y acotando y cercando los espacios de oficinas a menos hectáreas útiles, porque realmente no es necesario, apuntalando su relación con los nuevos hábitos de la sociedad.

En definitiva, los espacios de trabajo deben contemplar altas dosis de tecnología, flexibilidad, libertad, cultura, innovación y sostenibilidad.

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