Entrevista a Verónica Montalbán, gerente senior ESG Corporativo de Grupo Lar.
El paquete normativo europeo Ómnibus ha aligerado la burocracia, pero no el compromiso del sector inmobiliario con la neutralidad climática. Verónica Montalbán, gerente senior ESG Corporativo de Grupo Lar, explica cómo la compañía integra de forma transversal los criterios ambientales en la gestión diaria de todos sus activos, desde centros y parques comerciales hasta el flex living.
Hace unos años parecía que toda gran empresa necesitaba una estrategia ESG. ¿Ha terminado aquel ciclo hoy en día?
Las exigencias de reporte de las compañías han variado drásticamente si comparamos la situación actual con la de 2024. El análisis que demandan entidades financiadoras y compañías aseguradoras no desaparece porque deben seguir reportando la información de sostenibilidad asociada a sus operaciones. Por ello, las compañías deben seguir trabajando en la recopilación y control de los datos y en la implementación de estrategias de sostenibilidad en la gestión de sus activos.
El sector inmobiliario europeo va a seguir necesitando alcanzar objetivos de eficiencia que implicarán modificaciones clave en los requerimientos técnicos de las edificaciones a través de directivas como la EPBD (Energy Performance of Buildings Directive), su trasposición a la legislación española y las correspondientes actualizaciones de normativas nacionales como el CTE (Código Técnico de la Edificación) o el RITE (Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios).
Ante esta realidad, en Grupo Lar consideramos crucial, en el contexto geopolítico actual, trabajar para avanzar en el desacoplamiento de nuestra actividad económica de los combustibles fósiles a través de iniciativas que impulsen la eficiencia energética del parque inmobiliario y el desarrollo de energías renovables con tecnología europea.
En este mismo contexto, es clave la circularidad de los recursos. La Europa actual carece de muchos de los materiales estratégicos para la transición energética y la circularidad da respuesta a la necesidad de reutilizarlos y extraer energía de lo no reutilizable.
Adicionalmente, se reduce el impacto ambiental, algo que se pretende impulsar a través de las normativas cada vez más exigentes sobre la gestión de residuos, tanto en las fases de producción como en las de explotación.
¿Por qué el impacto ambiental es particularmente importante en el sector inmobiliario?
En nuestro sector los impactos medioambientales terminan convirtiéndose en costes, es por ello que la sostenibilidad ha entrado dentro de las consideraciones de las valoraciones inmobiliarias, dejando de ser un requisito corporativo para convertirse en un elemento central de competitividad y adaptación en el largo plazo.
La cuantificación financiera de los impactos derivados no siempre es fácil de determinar, pero una parte importante de nuestro trabajo en el departamento de ESG es establecer la relación entre los aspectos de la sostenibilidad y su traducción financiera: aumento y protección de los ingresos, reducción de los costes operativos para mejorar la calidad y durabilidad de los inmuebles. Todo ello, integrando los aspectos de la sostenibilidad en la gestión diaria de las distintas tipologías de porfolios que gestionamos y considerando las casuísticas de cada activo.

¿Cómo ha evolucionado la consideración de las certificaciones de sostenibilidad desde la perspectiva de clientes, financiadores e inversores?
Tanto las certificaciones como los índices internacionales han ayudado mucho a la integración de los criterios de sostenibilidad en las organizaciones, al introducir metodologías comparables cuando apenas existían guías sobre las cuestiones a considerar.
Actualmente hemos entrado en una nueva fase, en la que ya no será suficiente con tener una evaluación externa del edificio, sino que se demandarán, principalmente por inversores y financiadores, datos que permitan analizar en mayor profundidad la calidad del activo: qué instalaciones utiliza, cuánta energía consume, qué emisiones genera, qué dependencia tiene de los combustibles fósiles o cómo responderá a determinados riesgos climáticos.
Los estándares internacionales como CRREM ya han constituido una guía sobre lo que se va a demandar en estos términos a los activos, aunque todavía quedan cuestiones clave por determinar, como la evolución de los certificados de eficiencia energética al relacionarlos con los análisis de ciclo de vida de las edificaciones.
Para un propietario o un gestor inmobiliario, la cuestión puede resumirse en una pregunta: ¿Cuánto dinero tendré que invertir en este activo durante los próximos diez o quince años para que siga siendo competitivo?
La cuestión ya no es solo si el edificio cumple nuestras expectativas hoy, sino cuánto costará que las cumpla mañana. Dos inmuebles capaces de producir hoy la misma renta pueden tener valores muy distintos si uno va a necesitar una profunda rehabilitación a corto plazo y el otro ya está razonablemente alineado con las futuras exigencias previsibles.
¿Cómo enfoca la sostenibilidad Grupo Lar?
Con el objetivo de desarrollar una estrategia que se adapte a la actividad actual de Grupo Lar, renovamos nuestro análisis de Doble Materialidad para tener claros los impactos, riesgos y oportunidades que debemos priorizar. Como departamento de ESG, nuestra función es aportar valor aunando información técnica, regulatoria y climática, traduciéndolo en decisiones económicas y anticipando riesgos.
Gracias a la experiencia y conocimiento con el que cuentan nuestros equipos sobre las distintas tipologías de activos, somos capaces de adaptar las estrategias en cada uno de los vehículos. Tanto en nuestro porfolio de centros y parques comerciales, que ha conseguido posicionarse como referencia en materia de sostenibilidad en el sector, como en otros activos del tipo flex living, integramos los criterios medioambientales, sociales y de gobernanza en el día a día de la operación.
“La sostenibilidad ha dejado de ser un requisito corporativo para convertirse en un elemento central de competitividad y adaptación a largo plazo”
Creemos que no es posible hacerlo sin la colaboración de los distintos equipos, para acabar con la anterior creencia de que el departamento de sostenibilidad debe ser un área independiente y estanca. Para que la compañía avance en la integración real de estas cuestiones, todos los profesionales de la cadena de valor deben estar alineados para poder incorporar este enfoque a su conocimiento del negocio.
Hemos visto cómo la simplificación de las obligaciones de reporte, que ha supuesto el paquete Ómnibus, ha vuelto a centrar la tarea de los departamentos de sostenibilidad en las funciones que les dieron origen: la integración real de la sostenibilidad, entendida como meta, en la actividad de las áreas técnicas, financieras y de cumplimiento de un modo acorde con las políticas previamente asumidas por la alta dirección, aportando los datos necesarios para la evaluación periódica del desempeño.
¿Qué podemos esperar del sector en cuestiones de sostenibilidad en los próximos años?
Durante años, la descarbonización se concentró casi exclusivamente en la fase de operación de los edificios. El nuevo enfoque de la EPBD aumenta la importancia relativa del carbono incorporado a través de los materiales, las emisiones producidas en los procesos de construcción y demolición, abarcando todo el ciclo de vida del edificio.
Por otra parte, el CBAM (Mecanismo de Ajuste en Frontera del Carbono), que afecta a materiales importados desde fuera de la UE, ha de mantener la igualdad de condiciones entre productores europeos e importadores.
¿Qué queda tras la simplificación del ESG a la que hemos asistido últimamente?
Probablemente queda lo más importante: los instrumentos para la conservación del valor a largo plazo.
La simplificación de la sostenibilidad puede ser positiva si nos obliga a distinguir entre información realmente útil para la toma de decisiones y aquellas exigencias de reporte que aportan poco valor a la gestión.
No todos los indicadores son relevantes ni merecen ser reportados, así como no todas las certificaciones generan valor ni todas las actuaciones denominadas como sostenibles tienen viabilidad económica. Sin embargo, del mismo modo, muchas inversiones forman ya parte de una gestión inmobiliaria rigurosa.
La sostenibilidad ha dejado de ser únicamente una cuestión de reporte para integrarse en la gestión ordinaria del riesgo y del valor de los activos: mejorar la eficiencia energética, optimizar el uso de recursos, reducir emisiones, incorporar soluciones para la generación de energía renovable o mitigar la exposición de los activos a los riesgos climáticos son decisiones que van encaminadas directamente a proteger el valor.











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