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La seguridad como variable predictiva: un activo que multiplica el valor real de los centros comerciales

Tribuna firmada por Luis Barajas, director técnico de Arker.

La seguridad en los centros comerciales ha dejado de ser un simple coste operativo para transformarse en un factor estratégico y medible que mitiga riesgos, atrae inversores e impulsa el valor de los inmuebles.

La seguridad como indicador estratégico deja de ser un coste aislado para convertirse en un motor de creación de valor. Tratada como un proceso con variables medibles, influye al mismo tiempo en el valor financiero del inmueble, su atractivo comercial y su reputación.

Tradicionalmente, en el ámbito de los centros comerciales y grandes activos del retail, la seguridad se ha tratado como una disciplina eminentemente operativa. Su alcance se limitaba casi de forma exclusiva a la vigilancia física, la prevención del hurto y otros pequeños delitos, y la respuesta inmediata ante emergencias puntuales. Sin embargo, en un entorno inmobiliario donde la resiliencia y la gestión del riesgo determinan la viabilidad de los inmuebles a largo plazo, esta visión reactiva resulta anticuada y claramente insuficiente.

La seguridad debe entenderse como una variable parametrizable, basada en una batería de indicadores capaces de anticipar riesgos y de incidir directamente en toda la cadena de valor del inmueble, desde la inversión y la financiación, hasta la operativa, el alquiler y la experiencia del visitante. Bajo esta perspectiva, deja de ser un centro de coste aislado para convertirse en un motor de creación de valor.

El verdadero reto de la gestión consiste, por tanto, en entender la seguridad como un proceso en el que se establecen metas y objetivos, y en el que se recopilan datos que son convertibles en información útil para la toma de decisiones: identificando patrones, parametrizando vulnerabilidades, y analizando resultados para anticipar el impacto potencial de cada riesgo sobre la continuidad del negocio y el valor del activo.

Del mismo modo que la sostenibilidad evolucionó y revolucionó la valoración de los inmuebles mediante sellos de eficiencia medioambiental como Breeam o LEED, la seguridad exige ahora un tratamiento analítico que permita medirla, auditarla e incorporarla a la estrategia patrimonial. La resiliencia operativa garantiza que el espacio siga siendo seguro y económicamente estable bajo cualquier circunstancia.

Esta madurez conceptual empieza a reflejarse en los estándares del mercado internacional. Muestra de este cambio de rumbo es la reciente obtención de la certificación internacional Shore Gold en los centros comerciales Lagoh en Sevilla y Gran Vía de Vigo, convirtiéndose en los dos primeros activos inmobiliarios de cualquier tipología en recibir este reconocimiento en España. Un hito histórico que avala el rigor del modelo operativo que aplicamos en los centros bajo nuestra gestión.

Este reconocimiento internacional, otorgado por el organismo sueco SAFE Asset Group, demuestra que la seguridad ya es una magnitud auditable y estratégica en el sector inmobiliario. La relevancia de estas métricas radica en que establecen un punto de partida para la mejora continua y la evolución de los protocolos de gestión y seguridad de los activos.

Este nuevo enfoque tiene una traducción directa en el valor del inmueble. Una gestión de la seguridad basada en datos, medición continua y anticipación reduce la exposición al riesgo, refuerza la continuidad operativa y aporta mayor certidumbre sobre el rendimiento futuro de las inversiones inmobiliarias.

Para los inversores, reducir el riesgo operativo se traduce en mayor transparencia, procesos de compraventa más ágiles y mejores condiciones en la contratación de seguros. Para comerciantes e inquilinos, unos estándares de protección sólidos ofrecen la tranquilidad de que su actividad pueda desarrollarse con normalidad ante posibles imprevistos. Y para quienes visitan el centro, sentirse seguros mejora la experiencia y refuerza las ganas de volver. Así pues, la seguridad influye al mismo tiempo en el valor financiero del inmueble, su funcionamiento diario, su atractivo comercial y su reputación.

En definitiva, el salto decisivo consiste en dejar de contemplar la seguridad únicamente como una respuesta ante incidentes y empezar a integrarla como un indicador estratégico. Tratada como un proceso con variables medibles y orientadas a la anticipación, permite mitigar riesgos, reducir la volatilidad operativa y fortalecer cada eslabón de la cadena de valor, mejorando la percepción de inversores, aseguradoras, inquilinos y visitantes. 

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