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“Es necesario un sector más sostenible, transparente y equilibrado”

Entrevista a Jordi Royo Florenza, director de Contratación y Proyectos Colaborativos (IPD) de Bilba.

Es urgente que el sector adopte una estrategia colaborativa para enfrentar los retos actuales y futuros. Consiste en un método de enfoque, gestión y ejecución basado en un sistema de colaboración que afecta a todos los agentes, procesos y sistemas que integran un proyecto constructivo durante todo su ciclo de vida.

Jordi Royo Florenza, director de Contratación y Proyectos Colaborativos (IPD) de la constructora Bilba nos acerca a las nuevas metodologías colaborativas que se están implantando en el sector. Es cierto que el riesgo forma parte de los negocios, sin embargo, aunque no se puede evitar por completo, es fundamental que el sector tome medidas para reducirlo en la medida de lo posible.

En Bilba están convencidos de que una estrategia efectiva para lograrlo es aplicar contratos colaborativos que permitan compartir riesgos y beneficios entre las partes involucradas. Defienden que estos contratos se basan en la idea de que el éxito o fracaso de un proyecto depende no solo de una parte, sino de una serie de factores y actores que pueden influir en él. Por lo tanto, al compartir riesgos y beneficios, se fomenta una mayor cooperación y colaboración entre las partes.

Estamos escuchando de forma recurrente la nueva forma de contratación colaborativa y la relación entre los agentes que operan en el sector de la construcción pero, ¿en qué consisten realmente estos contratos colaborativos y como se desarrollan en su sector?

El contrato colaborativo o desarrollo integrado del proyecto (IPD en sus siglas en inglés), debemos verlo como un método de enfoque, gestión y ejecución basado en un sistema de colaboración que afecta a todos los agentes, procesos y sistemas que integran un proyecto constructivo durante todo su ciclo de vida. Además, este tipo de contratos están basados en los principios de inteligencia colectiva, confianza, transparencia e intercambio de información.

Para que este tipo de contratos puedan desarrollarse, debe definirse de forma clara un objetivo común y establecerse el compromiso de todos las personas y empresas que forman parte del proyecto. De esta forma el promotor, el equipo de diseño y el contratista se embarcan en el proyecto de forma conjunta desde una etapa muy temprana de su desarrollo compartiendo intereses, riesgos y beneficios.

¿Cuáles son las principales diferencias frente al contrato tradicional? Es decir, ¿los principales aceleradores del contrato colaborativo?

El sistema tradicional de los contratos de obra suele venir marcado por la desconfianza, fruto de las exigencias a las que está sometida cada una de las partes intervinientes. El promotor está exigido por un importe económico fijado por su plan de negocio y que no puede sobrepasar, el equipo de diseño se ve exigido por el promotor con unos plazos cortos y por haber recibido una escasa información del mismo, con el añadido del desconocimiento de los procesos constructivos que aplicará el contratista; y el contratista, por último, se ve obligado a presupuestar a “precio cerrado” un proyecto que no está completamente definido y con unos plazos de licitación insuficientes para profundizar en el mismo y con la incertidumbre de hacia dónde evolucionarán los precios que tiene que defender.

La inflación que venimos sufriendo recientemente es una de las razones que acelera la introducción de este tipo de contratos en el sector. Nos encontramos en un escenario en el que el contratista ya no quiere asumir los riesgos en solitario, el equipo de diseño ha perdido la noción de cuál es el precio “de mercado” en lo que está diseñando y el promotor está viendo peligrar la viabilidad de sus proyectos.

Ante este escenario se hace necesaria la colaboración entre los tres agentes, de modo que los proyectos vuelvan a la senda de la viabilidad y el sector de la construcción en nuestro país evolucione de forma eficiente y se ubique definitivamente en el momento actual que le corresponde, como ya han hecho los EE. UU. y los países del norte de Europa.

¿Cómo se pone de acuerdo a promotores y contratistas cuando tienen objetivos y puntos de vista tan antagónicos?

Es cierto que en la actualidad todos los agentes que intervienen en el proceso de un proyecto; promotor, técnicos, contratistas y subcontratistas tienen intereses antagónicos y perspectivas muy diferentes sobre tres conceptos fundamentales: coste, calidad y plazo. Bajo esta perspectiva es imposible que exista una cooperación real.

Para que se genere el cambio es imprescindible que haya un interés común entre todos los que están involucrados en el proyecto. Al final se trata de pasar de una tradicional jerarquía de proceso lineal (desde el promotor hacia abajo) a una relacional, donde los procesos se establecen de forma colaborativa entre las partes.

Trabajar de forma alineada no es sencillo, ya que tiene implicaciones evidentes en objetivos; márgenes y costes. Por tanto, para que de verdad se genere la filosofía colaborativa hay que crear un incentivo común que alinee los objetivos de todos los participantes, consiguiendo además mayor control sobre los costes y, por tanto, mayor seguridad y rentabilidad al proyecto. Solo así se puede alcanzar el mejor resultado posible para todos y mejorar la calidad del producto final.

Además, la participación temprana de todos los equipos es imprescindible para el éxito del proyecto. Desde nuestra experiencia en Bilba hemos comprobado que, al entrar en la fase de diseño, podemos aportar mayor valor y mejorar la eficiencia del proyecto.

¿Cuál es la experiencia de Bilba en este tipo de proyectos?

En Bilba estamos convencidos de que es necesario un sector más sostenible, transparente y equilibrado. No es viable en la coyuntura actual el modelo tradicional de diseño, licitación y construcción con precio cerrado.

La metodología colaborativa requiere de un aporte de valor real en la fase temprana de definición por parte de la constructora y, para ello, trabajamos en tres líneas de actuación: refuerzo del departamento de ingeniería y arquitectura con la incorporación de perfiles profesionales específicos, formación en lean construction y herramientas específicas, así como acuerdos con consultorías técnicas externas.

Estamos preparados y con una determinación clara para que a medio plazo el 80% de los contratos sean de tipo colaborativo. Actualmente tenemos un 50% de contratos de tipo colaborativo en diferente grado.

La bondad de esta metodología se demuestra en la demostrada recurrencia de los clientes que tenemos bajo este tipo de contratos.

¿Cómo es la puesta en marcha de este tipo de contratos? ¿Cómo los llevan a la práctica?

Tenemos en marcha estructuras con diferente grado de colaboración. Tenemos proyectos en los que intervenimos desde el anteproyecto, una vez definida la hoja de viabilidad por parte del promotor, contrato colaborativo puro, hasta proyectos en los que una vez definido el proyecto bajo el modelo tradicional, la colaboración se origina a nivel de valoración bajo un modelo de “open books” y desde la transparencia gestionar el proceso constructivo.

Habitualmente se comienza con clientes nuevos a través de procesos colaborativos de grado inferior y, según se avanza en la relación en términos de confianza, se asciende hacia grados superiores de colaboración.

Aparte de estos contratos, ¿qué otras metodologías son necesarias para seguir transformando el sector?

Los contratos colaborativos son procedimientos que pueden existir por sí solos, pero que, complementados con otras metodologías, pueden alcanzar niveles de eficiencia muy superiores.

Ya la definición de los IPD viene estrechamente vinculada a prácticas de optimización de procesos a través de la eliminación de todo aquello que no aporta valor en el proyecto, lo que se traduce a la filosofía lean management. Es por ello que la implantación del lean construction sea un paso que deba ir de la mano con la implantación de los contratos colaborativos.

Del mismo modo, la implantación del diseño en metodología BIM cobra todo su sentido en un proyecto colaborativo, ya que esta metodología fue creada para permitir la colaboración de varios agentes sobre un proyecto sin que hubiera errores de integración al trabajar todos ellos sobre el mismo modelo digital.

Por último, cabe destacar que la implantación de estas y otras muchas más herramientas de gestión de proyectos surge en medio de la industrialización del sector, lo que permiten aplicar economías de escala para obtener costes más ajustados, mejores calidades y menores plazos de ejecución que redondean el concepto del desarrollo integrado del proyecto, siempre y cuando abordemos la industrialización con la ventaja que esta ofrece, la de la producción en serie.