Conciencia sanitaria y medioambiental en los activos inmobiliarios

Por Paula Albaladejo, directora de Servicios de Project & Development Services para el Sur de Europa de JLL.-

El mundo ha cambiado de forma drástica en un periodo de tiempo muy corto. La Sanidad se ha reforzado como una prioridad que condicionará, más si cabe, de aquí en adelante todos los aspectos de nuestro día a día.

Como no puede ser de otro modo, el sector inmobiliario y también empresas, organismos públicos y entidades de todo tipo deberán de comenzar a verificar los mecanismos disponibles en sus edificios para impedir, o al menos dificultar, la transmisión de enfermedades entre las personas que cada día asisten a sus centros de trabajo o lugares reunión.

De tal manera que, a futuro, se puedan ofrecer alternativas fuera de vaciar los edificios. Con el objetivo de que los propios inmuebles se establezcan no solo como centros de creación de comunidad y actividad, sino que además lo sean en las mejores y más exigentes condiciones de salud y bienestar para sus ocupantes.

El objetivo, no solo se centra contra la propagación de virus, sino también frente a otros males generalmente olvidados como los provocados por una deficiente ventilación, unas condiciones de humedad relativa alejadas del óptimo, o por ejemplo, un mal diseño de las instalaciones hidráulicas. En este escenario, las instalaciones de los edificios pasan a tener un papel enormemente relevante en la calidad del ambiente, y se convierten en la primera barrera para una contención eficaz de la transmisión de enfermedades.

“Las instalaciones de los edificios tienen un papel enormemente relevante en la calidad del ambiente y son la primera barrera de contención eficaz de la transmisión de enfermedades”

Ahora, nos debemos replantear cuestiones como cuáles son los males más comunes en los propios edificios y sus instalaciones para acometer retos como los que han surgido con una relevancia adquirida estos días y otros como la carga microbiana en suspensión en el aire de los edificios. Para ello, el mercado ofrece en la actualidad todo tipo de soluciones aplicadas a unidades de tratamiento de aire como los filtros con sección de fotocatálisis o luz ultravioleta, muy eficaces inhabilitando microorganismos tan peligrosos como virus o bacterias.

Como ejemplos más evidentes, una ventilación adecuada o un nivel de humedad relativa del ambiente óptimo, reducen de manera directa el malestar de los inquilinos, con las consecuentes mejoras de productividad o incluso de salud de ellos mismos. A día de hoy, sigue siendo demasiado habitual encontrar en edificios de oficinas, hoteles, residencias o centros comerciales, entre otros, sistemas de ventilación incapaces de asegurar un caudal mínimo de aire de ventilación convenientemente filtrado.

Una mala ventilación, lleva aparejada una acumulación de dióxido de carbono que comúnmente degenera en efectos como dolor de cabeza, problemas respiratorios o sensación de cansancio, además de molestos problemas de olores. No llevar a cabo mejoras en la ventilación de los inmuebles incidirá de manera muy negativa en la sensación de bienestar de los ocupantes del edificio, y en último término, en su desempeño en los puestos de trabajo.

A lo anterior se suman las necesidades de optimización de la humedad relativa. Está demostrado que niveles de humedad relativa en torno al 50% mejoran la sensación de bienestar de los ocupantes de los edificios, y además evitan problemas respiratorios, dolores de cabeza o mareos. Una parte importante del camino ya ha sido recorrida, como las considerables medidas y normativas adoptadas para luchar contra la legionelosis, una dolencia de la cual es frecuente encontrar nuevos casos de personas afectadas por este problema como consecuencia de algún defecto en el diseño de instalaciones hidráulicas.

Más allá de un adecuado diseño e implantación de medidas preventivas eficaces, está un correcto mantenimiento de las mismas. En este sentido, propietarios y empresas de gestión deben poner el foco en los principales puntos origen de posible infección, definiendo protocolos que tengan en consideración todos y cada uno de los elementos con impacto en la salubridad y bienestar de los usuarios.

En relación a los aspectos de los edificios que podrían afectar a la salud de las personas, conviene tener en consideración las estrategias pasivas y activas en la prevención y lucha contra los incendios. Resulta vital no mantener edificios con sistemas y elementos de protección contra incendios del siglo pasado aunque sus licencias los amparen.

“Las demandas de sostenibilidad de las generaciones más jóvenes, junto con las crecientes demandas en materia de salubridad, conducen a considerar la readaptación de edificios obsoletos”

En este contexto, una adecuada colaboración público-privada resulta necesaria para facilitar una transición responsable en la adaptación de los inmuebles. Esto no sólo ayudará a asegurar que el parque inmobiliario se ajuste a futuras normativas, sino que redundará en ahorros en el mantenimiento y en una inversión más responsable en los edificios, que evitarán un riesgo para la seguridad de sus ocupantes.

Oficinas más sostenibles como reclamo para el talento

Este cambio en el orden de prioridades, asimismo, empuja a las generaciones más jóvenes a decantarse por trabajar en oficinas ubicadas en inmuebles más respetuosos con el medioambiente. Esto llega al punto en el que, cerca de la mitad de los millenials y de la generación Z, se sienten enormemente motivados por impactar de forma positiva a la sociedad y sus comunidades, por encima de formar familia o tener hijos. Por esta razón y en relación a su entorno laboral, en torno al 70% de los millenials prefieren trabajar en una empresa con una agenda sostenible fuerte y comprometida, hasta el punto de que cerca de tres cuartas parte de ellos, lo harían incluso en detrimento de su salario.

Esto no es de extrañar puesto que son generaciones que han crecido en una época con mayor exposición a la crisis del cambio climático, por lo que han adquirido una conciencia muy importante en relación a sus predecesores sobre las necesidades del planeta y sus habitantes y están más dispuestos a tomar cartas en el asunto. Esta actitud, tiene un impacto directo en la adaptación de los espacios de trabajo y, por ende, en los edificios que los alojan.

Las demandas de sostenibilidad concentradas en las generaciones más jóvenes, junto con las crecientes demandas en materia de salubridad, conducen a considerar la readaptación de edificios obsoletos, no sólo como medio para alcanzar unas condiciones óptimas de bienestar, sino también como medida indispensable de compromiso con las compañías para las que trabajan.

Por otro lado, la promoción de inmuebles, para todo tipo de fin, debe de comenzar a tener anteponer estas necesidades de salud, medioambientales y sociales en sus nuevos proyectos.

En resumen, una vez asumido que debemos tener edificios mejores en términos de consumo energético, que sean sostenibles y eficientes, que en definitiva sean punta de lanza en la lucha contra el cambio climático, vayamos más allá en plantear actuaciones que incrementen la calidad y salubridad de los espacios como ingrediente fundamental en la atracción y retención del talento, así como medio para combatir de manera más eficaz, futuras situaciones como la que estamos atravesando.

 

Más información en la revista inmobiliaria.

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