Tribuna firmada por Andrés Barrio, Sustainability manager de Nhood España
Podríamos decir que escribir sobre sostenibilidad, en estos días, es un poco complicado. Uno no sabe si mantenerse en el positivismo característico de nuestras comunicaciones, entregarse al derrotismo o hacer como si todo tuviera una solución simple y vender nuestro mejor crecepelo.
Desde Nhood, nos tomamos muy en serio nuestra labor y sabemos que analizar la realidad, adaptarse a los tiempos y acompañar a nuestros clientes en todo momento es la mejor solución para los retos a los que nos enfrentamos.
Hablamos de sostenibilidad y la realidad es muy clara, tal y como nos dice el World Economic Forum, los 4 principales riesgos económicos a los que nos enfrentamos están relacionados con temas ambientales; climas extremos, pérdida de biodiversidad o agotamiento de los recursos naturales están poniendo en jaque a la economía, demostrando que nuestras actividades no son ajenas al ecosistema social y ambiental que les rodea.
“Presentar a la sostenibilidad como un lastre para la competitividad no es solo un error estratégico a futuro, sino que demuestra no haber entendido nada del origen de nuestras políticas de sostenibilidad”
Pero igualmente, la realidad también son las Directivas ómnibus, stop the clock o el efecto Trump (cómo escribir sin nombrar a Trump), que nos exponen a un debilitamiento de las políticas de sostenibilidad y a una desregulación que puede tirar por la borda el trabajo realizado por las empresas durante los últimos años.
Estos cambios regulatorios y el cuestionamiento de los pilares ESG, a los que el sector inmobiliario no es ajeno, se están realizando desde una óptica que quiere mostrar una falsa dicotomía, la de enfrentar competitividad y sostenibilidad como elementos contrapuestos.
Presentar a la sostenibilidad como un lastre para la competitividad no es solo un error estratégico a futuro, como indica el informe anual del WEF, sino que demuestra no haber entendido nada del origen de nuestras políticas de sostenibilidad y de cómo estas nos ayudan a ser más eficientes, resilientes y, a la larga, productivos.
Algo que no nos debería extrañar, siempre es bueno recordar que hubo un tiempo en el que se comunicaban los riesgos del cambio climático con la imagen de un oso polar, cuando en Toledo no tenemos osos polares, lo que hacía muy difícil que nos tomásemos en serio la crisis climática que se avecinaba.
Este boom legislativo nació de la necesidad de generar unas finanzas y unas actividades sostenibles, pero no desde el punto de vista ambiental o social, sino a través del análisis de los riesgos y oportunidades, para hacer el mercado más estable y seguro. Así nació la SFDR, CSRD, Taxonomía UE y el resto de los acrónimos, directivas y reglamentos que ahora parece que la Comisión Europea pretende olvidar o, por lo menos, “simplificar”.
Por ello, y centrándonos ya en el sector inmobiliario que es el que nos interesa, debemos acompañar estas realidades para, sin perder de vista la actualidad legal y geopolítica, centrarnos en aplicar la sostenibilidad como una ventaja competitiva y no como una rémora autoimpuesta.
Tenemos sobre la mesa obligaciones y necesidades que, aunque responden a un origen ambiental, reportan en tener unos activos más eficientes y rentables, el cumplimiento de la agenda de descarbonización de activos para 2030-2050 nos está haciendo poner atención en cada cambio de climatización, en cada reforma de envolventes o en cada proyecto de ejecución; mejorándolos y aumentando las prestaciones para los futuros inquilinos y propietarios.
Pero, además, estas necesidades nos están llevando a nuevas cotas del control operativo de los edificios, para Nhood, ya no es suficiente con conocer el consumo o el coste de nuestra operativa, queremos conocer dónde y cuánto se consume, a qué precio y cómo repercute esto en el servicio que damos a nuestros clientes.
“Aspectos como el cambio climático, la diversidad y la buena gobernanza son factores determinantes que impactan directamente en la viabilidad a medio y largo plazo de las empresas”
Así, conceptos como huella de carbono, huella hídrica o calidad del aire pasan de ser una obligación regulatoria a un servicio que, no solo aumenta nuestra cartera de trabajos, sino que repercute en ahorros para nuestros clientes y en un mejor servicio para sus inquilinos y operadores.
O cuando hablamos de urbanismo regenerativo o ciudades de 15 minutos, no estamos respondiendo a obligaciones de movilidad o técnicas, sino que estamos invirtiendo en mejorar ese ecosistema económico y social que rodea a nuestros activos y que posteriormente le ayudaran a revitalizarse.
Y qué decir de la mejora de biodiversidad y los espacios verdes, cuál es el ahorro económico de romper la isla de calor o de aumentar el albedo y mejorar las condiciones de salud y bienestar de sus ocupantes.
La sostenibilidad y su planificación en el tiempo nos devuelve a ese concepto que he citado anteriormente, el análisis de riesgos y oportunidades. ¿Cuánto nos cuesta invertir en mitigar el cambio climático y sus efectos y cuánto podemos perder de no hacerlo?
Por ello, la adaptación al cambio climático de nuestros activos es actualmente la principal labor que debemos llevar a cabo. Tener un Mediterráneo 2ºC por encima de su temperatura media no nos saldrá gratis, pero sí podemos reducir su impacto en el tiempo.
La nueva Directiva de eficiencia energética pone su foco en ello, incluyendo en su redactado las necesidades de analizar nuestros edificios desde todo su ciclo de vida o la adaptación al cambio climático, reduciendo así riesgos, mejorando sus prestaciones y abriendo la puerta a nuevos “viejos” conceptos como la construcción industrial y planificada.
Así que, efectivamente, no es que la economía tenga que preocuparse por la sostenibilidad, es que lo está.
Quién nos iba a decir que tener un sello como Breeam mejoraría nuestro acceso a financiación, que las due diliences incluyeran un apartado de ESG o que una puntuación alta en ratings como GRESB nos acercaría a nuevos y mayores inversores ya que una empresa sostenible es una empresa mejor, es una empresa que cuida de su cadena de suministro, de sus plantillas y de los entornos donde ejecuta sus proyectos.
Por ello, y si me permiten, querría terminar afirmando que aspectos como el cambio climático, la diversidad y la buena gobernanza son factores determinantes que impactan directamente en la viabilidad a medio y largo plazo de las empresas y que ignorarlos puede poner en riesgo no solo la imagen, sino también, la propia existencia de la empresa.
Los problemas en el medio tienen traducción en todos los aspectos de nuestra sociedad, también en la economía, por ello, y desde Nhood, estamos preparados para acompañar a todos nuestros clientes en esta transformación necesaria, sin importar lo que diga o haga Trump, Europa o las cabañuelas.










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