La flexibilidad de lo inalterable

Por Fabián Sánchez, arquitecto en Savills Aguirre Newman.-

 

Si bien podríamos considerar que realizar una actuación en un edificio que cuente con algún grado de protección supone una gran limitación en cuanto a las posibilidades de las actuaciones a realizar, es interesante comprobar como dichos edificios conservan una gran capacidad de adaptación.

Frente a la necesidad de constante cambio en la que vivimos hoy en día, aquellas arquitecturas que podríamos entender como clásicas, continúan siendo enormemente valoradas, permaneciendo inalterados los valores que las han hecho tan apreciadas para las distintas generaciones que han pasado por ellas, permaneciendo a través de las modas y ofreciendo a sus usuarios una experiencia diferenciadora.

La actuación en este tipo de edificios, que cuentan habitualmente, en mayor o menor medida, con algún tipo de protección, es normalmente larga y compleja, si bien mediante un trabajo riguroso de documentación (fundamental en estos casos para entender el edificio), podremos llegar a distinguir lo simplemente “antiguo” de aquello que merece la pena conservar, que suele ser además, lo que conforma el carácter propio del edificio que le ha hecho perdurar en el tiempo, lo cual nos permitirá, además, afrontar una correcta tramitación frente a la administración.

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Son numerosas las ocasiones en que, gran parte de la actuación en los edificios singulares se basan en eliminar precisamente los impactos de arquitecturas posteriores, que se realizaron con criterios puramente funcionales o sujetos a modas pasajeras. El objetivo de toda intervención de cierta entidad en dichos edificios será, por tanto, el de perdurar con el mismo, no caducar, si bien, lo cierto es que serán pocas las ocasiones en las que esto sucederá, volviendo probablemente a permanecer con los años lo original, adaptándose a una nueva forma de trabajo, de vida, de entender el espacio, con esa flexibilidad casi inacabable de la arquitectura que permanece inalterable en el tiempo.

Savills Aguirre Newman comercializa y gestiona la rehabilitación del edificio singular de Castellana 64, el Palacete de Moreno Benítez, en Madrid

Como suele ser habitual en este tipo de actuaciones, los intereses de los clientes no siempre participan de los mismos criterios que la administración, pero es precisamente, la capacidad de armonizar ambos, lo que llevará al éxito al proyecto.

Otro factor fundamental, desde nuestro punto de vista, es la transparencia desde un principio con todos los actores involucrados (cliente, administración, proyectistas,…). La subjetividad en muchos casos de los criterios de conservación, pueden llevar al proyectista a pensar en buscar estrategias complejas o poco claras y que a la postre pueden crear verdaderos quebraderos de cabeza a los clientes.

El riesgo de lo ambiguo, de lo poco claro, inherente ya de por sí en estos proyectos al estar muchas veces sujetas a interpretación de la normativa, debe acotarse lo máximo posible, máxime hoy en día, en el que el tiempo ha pasado a ser el factor clave en la mayoría de los procesos de puesta en valor de los edificios.

Es importante planificar cuidadosamente cual será el planteamiento a realizar, cuales las actuaciones y cuales las cosas a las que estaremos dispuestos a renunciar (disponiendo siempre de alternativas a las mismas, ya que, si hemos hecho un buen trabajo, sabremos a priori cuales son los puntos más conflictivos del proyecto).

Proyecto Castellana 64, el Palacete de Moreno Benítez

Un ejemplo reciente de cómo aplicamos esta visión a la hora de afrontar la rehabilitación de un edificio singular es Castellana 64, también conocido como el Palacete de Moreno Benítez, diseñado por el arquitecto Joaquín Saldaña en 1904. Savills Aguirre Newman ha realizado las labores de comercialización, proyecto, dirección facultativa, así como la gestión de licencias, certificación LEED y el Project Construction de la obra.

La protección singular del edificio, así como de sus espacios exteriores, ha supuesto un reto para la optimización de los espacios existentes y la renovación de la imagen del edificio, integrando la nueva fachada de muro cortina con la fachada protegida del palacete original. El edificio ha obtenido la certificación LEED GOLD por el Green Building Council.

La flexibilidad de lo inalterable
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