2020: un año para la gestión de riesgos

Por José Javier Gil Sebastián, secretario general de AEDIP.-

 

Los riesgos son todos aquellos sucesos –negativos o positivos- que pueden impactar sobre el desarrollo de un proyecto. Normalmente, a cada riesgo se le atribuye una probabilidad de ocurrencia y un impacto esperado sobre el proyecto. El producto de estas dos variables determina su severidad y por lo tanto el esfuerzo que se va a dedicar para gestionarlo.

Las empresas de Project Management gestionan riesgos a diario. No improvisan, planifican. Esta planificación se recoge habitualmente en un Plan de Gestión de Riesgos en el que se identifican no solo los riesgos y oportunidades del proyecto sino las medidas que se van a tomar, los recursos necesarios, los responsables, o las métricas que se van a utilizar para evaluar el éxito de las medidas que se pongan en marcha para cada riesgo.

Lamentablemente, sólo exigimos planes a nuestros gobiernos cuando los riesgos se han convertido en una realidad, pero para entonces ya es demasiado tarde y nos toca improvisar. La gestión de riesgos es preventiva y se basa en la planificación, esto sucede mucho antes de que los riesgos ocurran. ¿Hubiera cambiado algo si hubiéramos tenido un stock razonable de EPIs para los sanitarios y de respiradores para los enfermos? ¿Hubiera cambiado algo si hubiera habido una lista de proveedores certificados a los que comprar tests en buenas condiciones? ¿Hubiera cambiado algo si…? La respuesta es sí, se habrían salvado vidas.

“La acción de mayor calado que hemos tenido que realizar durante este periodo ha sido la defensa de nuestros asociados ante los abusos de algunas empresas públicas que, de manera unilateral, paralizaron contratos que eran teletrabajables, en condiciones de seguridad”

Parece mentira que solo hayan pasado unos pocos meses, pero en febrero hablábamos de una progresiva ralentización de la inversión y valorábamos el contexto como de ‘gran incertidumbre’. No significa que no lo fuera, pero echando la vista hacia atrás ¿Quién no firmaría por volver a ese momento?

En las últimas semanas hemos vivido momentos dramáticos y, sin embargo, es en los momentos de crisis cuando las empresas y las personas dan lo mejor –y lo peor– de sí mismas. El mejor ejemplo lo hemos podido ver en los sanitarios que, ante la gravedad del momento, se han entregado en cuerpo y alma, casi a pecho descubierto, para evitar la muerte de muchas personas. También hemos visto miles de voluntarios repartiendo comida en las infames colas del hambre.

La reacción de las empresas del sector inmobiliario y de la construcción ha sido ejemplar. En unos pocos días empresas de todo tipo y tamaño han tenido que adaptarse para sobrevivir. Muchas empresas han pasado de no saber qué era el teletrabajo a tener el 100% de su plantilla trabajando a distancia en menos de una semana. Han cambiado las dinámicas de trabajo y la forma de relacionarse entre compañeros y clientes.

En muchos casos las jornadas laborales se han vuelto maratonianas y las personas han trabajado más horas que nunca en condiciones de conciliación familiar muy difíciles para intentar que la rueda no pare. Algunas empresas han tenido que recurrir a mecanismos dolorosos como los ERTE o a solicitar nuevas líneas de crédito en espera de que la situación se arregle en un futuro próximo. Las personas y las empresas del sector han hecho un esfuerzo extraordinario y es sin duda un motivo para estar orgullosos y al que debemos dar su justo reconocimiento.

La mayoría de las empresas –al menos, las asociadas a la Asociación Española de Dirección Integrada de Proyecto (AEDIP)– no están tan preocupadas por la situación actual como por el panorama que quedará en la recuperación. ¿Seguirá ahí la inversión? ¿Qué pasará con los contratos que no se han cerrado estos meses? ¿Cómo afectará el parón del turismo? ¿Y la caída del consumo? ¿Afectará a la inversión pública en construcción? ¿Cómo será la reactivación?

Está claro que muchas de estas preguntas no tienen una respuesta a día de hoy, pero como sociedad podemos y debemos ayudar a que las empresas tengan el suficiente trabajo como para mantener los niveles de empleo previos a la crisis sanitaria. Las empresas del sector inmobiliario y de la construcción se presentan ahora ante la Administración como parte de la solución.
La construcción representa en torno al 10% de nuestro PIB, generó 1,1 millones de puestos de trabajo en 2019 y tiene capacidad para seguir creciendo y generando empleo si se toman las medidas adecuadas. Existen iniciativas impulsadas desde hace tiempo por asociaciones de empresas y colegios profesionales que abogan por la colaboración con la Administración pública para estimular el consumo, reducir plazos en la obtención de licencias y favorecer la financiación de los proyectos a través de fórmulas de participación publico-privada.

En estos momentos difíciles es cuando las asociaciones deben demostrar su valor añadido, defender los intereses de las empresas a las que representan, y proponer medidas creativas que permitan mejorar la productividad y generar empleo de calidad para salir de la crisis. La Administración pública por su parte debe ser consciente de que el diálogo con las empresas y con los agentes sociales redunda no solo en mayor productividad y en la generación de empleo sino también en la reducción de la tensión política y en la paz social.

Durante la crisis sanitaria, desde AEDIP hemos continuado con las actividades que veníamos desarrollando desde hace tiempo, como la redacción de la nueva edición del Libro Blanco de la Dirección de Proyectos de Construcción o la organización de eventos sectoriales, sin embargo la pandemia ha puesto en espera algunos proyectos que estaban arrancando y ha abierto también una ventana de oportunidad para aportar valor a nuestros asociados. Desde AEDIP hemos querido fomentar espacios para la reflexión colectiva y ofrecer información de calidad, relevante y actualizada a nuestros asociados y al sector en general. Es por eso por lo que pusimos en marcha un boletín monográfico con noticias exclusivas sobre el Covid-19 y organizamos varias reuniones con los asociados en las que pudieron intercambiar sus opiniones y experiencias durante el confinamiento.

En el mes de mayo organizamos un ciclo de 6 seminarios online titulado ‘Focus COVID-19’ en el que analizamos el impacto de la pandemia sobre el inmobiliario residencial, hotelero, logístico, retail, oficinas e infraestructuras de la mano de algunas de las personalidades más relevantes del sector.

En este ciclo quedó patente el tremendo esfuerzo que han hecho las distintas empresas del sector para adaptarse al nuevo escenario así como el hecho de que esta crisis ha afectado de manera diferente a cada subsector. No es igual el efecto que tiene la destrucción de empleo sobre la vivienda, que el que la caída del turismo para el sector hotelero, o la irrupción del teletrabajo para las oficinas. No obstante, todos ellos coinciden en la necesidad de contar con el apoyo de la Administración para reactivar la economía con medidas como una mayor participación publico-privada o la agilización de las licencias.

Sin embargo, la acción de mayor calado que hemos tenido que realizar durante este periodo ha sido la defensa de los intereses de nuestros asociados ante los abusos de algunas empresas públicas que, de manera unilateral, paralizaron contratos que eran teletrabajables en condiciones de seguridad. Para extender nuestras reivindicaciones creamos un grupo de trabajo ad-hoc en el que analizamos el perjuicio de estas decisiones para las empresas y en el que se estudiaron distintas propuestas para la empresa pública.

En este sentido, nos reunimos con directivos de la empresa pública en varias ocasiones y transmitimos a través de varios escritos formales las reivindicaciones de nuestros asociados en favor de la reactivación de los contratos y de una vuelta ordenada a la actividad. Además, extendimos también nuestras reivindicaciones al ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, les instamos a revertir la situación lo antes posible y nos pusimos a su disposición para aportar soluciones.

Los grandes desafíos a los que estábamos haciendo frente antes del Covid-19 siguen estando ahí. Nadie duda de que la transformación digital, el cambio climático o la industrialización en la construcción son realidades urgentes e inevitables que cambiarán para siempre nuestra forma de trabajar. Desconocemos si el efecto del Covid-19 en el sector será superficial o profundo y de qué manera afectará a nuestra forma de trabajar a corto, medio y largo plazo, sin embargo, podemos estar seguros de que aparecerán oportunidades que no habíamos imaginado. ¿Ofreceremos nuevos servicios? ¿Gestionaremos los proyectos de manera más eficaz? Y más importante: ¿Seremos capaces, esta vez, de planificar las oportunidades para sacar de ellas el máximo beneficio?

 

Más información en la revista inmobiliaria.

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