Veinte años no es nada

Revista inmobiliaria El Inmobiliario mes a mes - enero 2020
Yolanda Duran, directora de El Inmobiliario mes a mes
Yolanda Duran, directora de El Inmobiliario mes a mes

Con ilusión afrontamos un nuevo año, que marca una década en la que vendrán cambios de calado, sin duda. Para nosotros 2020 supone la celebración del vigésimo año de existencia de El Inmobiliario Mes a Mes: veinte años de dar información puntual mes a mes al sector, y desde 2019, día a día en nuestra web, intentando aportar nuestro granito de arena al mundo de la información inmobiliaria.

Y parafraseando la canción, veinte años no es nada en el devenir de la Historia, pero sí en el mercado inmobiliario, que desde el año 2000 ha experimentado el ascenso a los cielos y la caída a los infiernos. Hablamos de un auge sin precedentes en el negocio, que aupado por la adopción del euro y los bajos tipos de interés llevó al sector a un ritmo de actividad sin precedentes. Revalorizaciones de las rentas de oficinas y retail de dos dígitos, y lo más llamativo, una rentabilidad de la vivienda que parecía no tener fin, con una producción superior al medio millón de casas y un volumen de compraventas que se acercó a las 700.000 viviendas.

Y después la crisis financiera de 2007 y el descenso a los infiernos. El mundo cayó en un pánico bancario y financiero que arrastró al inmobiliario, y en España, un país bancarizado y dueño en gran parte de las inmobiliarias del país, las consecuencias fueron las ya conocidas por todos. La economía, y el país en consecuencia, han sufrido un crack sin precedentes, solo comparable al de la crisis del petróleo de los años setenta. Crack del que se ha salido con mucho esfuerzo y pagando un alto precio, en salarios, pérdida de rentas, y generación joven de empleo.

Hoy, 2020, un sector razonablemente saneado, con el viento de cola de los bajos tipos de interés y el tirón de la economía frente a la ralentización de las locomotoras europeas, se enfrenta a un endurecimiento del escenario económico y una serie de factores anómalos que tendrían que hacer pensar a los empresarios y gobiernos su implicación en el mercado inmobiliario.

El alargamiento de la esperanza de vida a nivel global, junto con el escenario mundial de bajos tipos de interés, incluso nulos, incide en la anticipación de decisiones de ahorro y en el incremento exponencial del dedicado a planes de pensiones y fondos, que tienen que cumplir unos compromisos de rentabilidad y seguridad.

Los últimos cinco años se han batido estos niveles de liquidez, que suponen más del 26% del PIB mundial, 21 billones de dólares de ahorro global que busca alternativas de rentabilidad en los mercados de capitales y en el inmobiliario. Una liquidez que se está desviando en parte al sector, con lo que las carteras inmobiliarias están incrementando su foco de atención para los grandes gestores mundiales.

Así, la inversión en activos inmobiliarios en rentabilidad es el gran beneficiario de un nuevo contexto financiero, demográfico y tecnológico que no es coyuntural, sino que obedece a un cambio estructural de efectos globales. Con este mapa en la cabeza es con el que tenemos que afrontar el nuevo año, sin dejar de vigilar la escasa coherencia de nuestros gobernantes a la hora de diseñar un país que funcione para todos.