Las casas de los indianos

En poblaciones de la costa gallega, en Asturias y en Cantabria es frecuente encontrarse con viviendas que sorprenden por contraste con las del entorno, un tipo de edificación impropia del lugar, una arquitectura alejada de los patrones constructivos y ornamentales habituales en los lugares en los que se ubican. Son las casas de los indianos.

La cuarta acepción del diccionario de la Real Academia de la Lengua Española nos explica que, dicho de una persona, un indiano es un hombre que vuelve rico de América. En líneas generales se suele denominar indiano al emigrante español que se fue a América con la intención de hacer fortuna, una denominación que posteriormente abarcaría también a sus descendientes.

A finales del siglo XIX y comienzos del XX, gran cantidad de jóvenes, huyendo de la pobreza, salieron embarcados a hacer las Américas. En algunos casos marcharon hacia algún lugar del nuevo continente reclamados por sus familiares que ya estaban allá. Aunque la suerte fue desigual para los emigrantes gallegos, en ocasiones montaron con éxito empresas familiares y lograron hacer fortuna. Los indianos se convirtieron en líderes locales a su regreso.

La búsqueda de un futuro mejor hizo que los gallegos emigraron en masa. Brasil, Argentina, México, Venezuela y, sobre todo Cuba fueron sus destinos. En algún estudio se dice que el 7% de la población cubana de 1931 eran gallegos. De ahí que en buena parte de América Latina se llame ‘gallego’ a cualquier español, sea cual sea su zona de procedencia.

Muchos no volvieron jamás y muchos otros fueron retornando con el paso de los años. Parte del dinero que hicieron los emigrantes más afortunados lo reinvirtieron en Galicia, en construir viviendas para ellos y sus familias o en escuelas, colegios y centros de formación para sus pueblos.

En muchos lugares se pueden apreciar hoy estas construcciones llamativas que destacan frente al urbanismo del entorno. Sin características concretas determinadas, la implantación de una arquitectura más desarrollada y más cosmopolita, como era la arquitectura que estos emigrantes encontraron en sus diferentes destinos americanos, supone una clara descontextualización y cierto exotismo en el medio rural gallego o asturiano en el que se implantaron.

Privadas o públicas, las realizaciones de la arquitectura indiana son localizables y clasificables en toda Galicia, extendiéndose con mayor densidad por los pueblos de la Mariña coruñesa y lucense, desde el Golfo Ártabro hasta Asturias.

No es fácil encontrar elementos comunes que identifiquen los variados tipos y modelos de arquitectura indiana que aparecen. Si acaso señalar dos líneas maestras que los unen, que son por un lado la voluntad de enlazar con la tradición popular y por otro la adhesión a los sucesivos movimientos artísticos de vanguardia.

El binomio Galicia-América se hace presente en la dualidad entre elementos propios de la tradición cultural autóctona y los que hacen referencia a la cultura americana colonial. Alguno de los rasgos que pueden caracterizar este tipo de viviendas son la cúpula de esquina, al modo de las rotondas urbanas cosmopolitas, y la torre cuadrada alzada desde el suelo o emergente como volumen singular del cuerpo general, y rematada de diversas formas. También los colores llamativos pueden considerarse como un elemento distintivo de las viviendas de indianos.

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La Casa RosaCasa Rosa, casas de indianos

Ahora un tanto escondida tras nuevas edificaciones en la avenida de Ricardo Sánchez de Pontedeume, la Casa Rosa o Villa Rosa es un magnífico ejemplar de arquitectura indiana. Convertida actualmente en guardería infantil, su estado difiere considerablemente de lo que fue el proyecto original tanto en la estética como en los jardines que la circundaban. Originalmente lindaba por su parte posterior con el río Eume, aunque hoy existe en medio el paseo fluvial que se ha construido hace unos años.

El promotor de esta vivienda fue Andrés García Taboada, cuyo periplo transoceánico arranca a la edad de 16 años. En La Habana primero y posteriormente en Londres se decanta por el negocio de las navieras como forma de promoción, dedicándose al transporte tanto de personas como de mercancías.

Tras un primer retorno a Galicia para contraer matrimonio, fruto del cual serán sus tres hijos nacidos en la capital caribeña, el regreso definitivo a Pontedeume viene determinado por la muerte del primogénito en el año 1896 y es entonces cuando comienza la construcción de la nueva vivienda.

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casa grande, casas de indianosLa Casa Grande o Santa Amalia

Se encuentra en la salida de Redes, en la margen izquierda de la carretera que lleva hacia Ares. Es una vivienda grande que destaca por su aspecto y su color.

La entrada principal, que da a la carretera, está flanqueada por una verja metálica. En el arco superior de la puerta de hierro forjado hay una inscripción con el nombre de la casa: Santa Amalia.

Es una finca de más de 5.000 metros en cuyo jardín destaca una gran palmera. La palmera, tan habitual en el jardín de la casa de los indianos es su legado y un homenaje a los que cruzaron el Océano intentando mejorar sus vidas. A la izquierda, otra puerta metálica da entrada a otra edificación de características similares a la principal, que hace las veces de garaje y almacén.

La construcción es obra del indiano Luciano Rojo López que emigró a La Habana e hizo fortuna dedicándose al comercio del carbón. A su regreso, se instala en la casa materna, a la que doña Josefina, su mujer, conocida como La Cubana, no logra adaptarse, por lo que decide en 1919 construir esta nueva vivienda para complacerla.

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casa Paco Bello, casas de indianosCasa de Paco Bello

Situada en el pueblo coruñés de Redes, esta vivienda es un claro exponente de las llamadas casas de indianos. La entrada principal está en la calle Rúa Nova y ocupa un solar que llega hasta el mar. En la fachada se aprecian dos alturas y en cada una de ellas tres huecos.

En la planta baja dos grandes ventanales y la puerta de acceso y en la superior tres balcones. En la fachada lateral los tres huecos por planta presentan un acabado bastante más sencillo pero igualmente sobrio.

Francisco Bello emigró a La Habana siendo muy joven. Hizo fortuna con los viveros de pescado. En 1900 mandó remodelar la casa materna, que se fue haciendo poco a poco hasta que se dio por finalizada la obra en 1915.

El propietario la ocupó desde su regreso en 1933 hasta su fallecimiento en 1952. En 1966 se acometen algunas modificaciones en la vivienda, la más importante de las cuales es la ampliación de la terraza posterior sobre la ría de Ares. Hoy pertenece a uno de sus nietos.

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Villa Frayán, Casas de IndianosVilla Frayán

Los hermanos Patiño, oriundos de San Martín do Porto, emigraron a América en la primera década del siglo XX. En la Habana montaron una tienda de regalos que muy pronto prosperó. Se hicieron con la concesión oficial de los por aquel entonces desconocidos relojes suizos automáticos, gracias a los cuales alcanzaron fama y atesoraron una considerable fortuna.

Parte de estas ganancias constituyen la remesa enviada para que Felipe Patiño, el único hermano que no emigró, se ocupara de reformar la vivienda que habían dejado aquí y que databa de 1889. Éste encarga la obra al arquitecto local Manuel de Leira y Leira, quien proyecta en 1920 la remodelación completa del inmueble y lo deja tal y como lo podemos contemplar hoy en día.

Situada a la margen izquierda de la carretera local que conduce de Cabanas a Mugardos se alza esta magnífica vivienda estilísticamente configurada para atestiguar el éxito alcanzado por sus promotores en ultramar.

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