La inversión extranjera rechaza el mercado inmobiliario gallego

A pesar de que el turismo en la comunidad gallega continúa batiendo records de afluencia históricos, la adquisición de viviendas por parte de los inversores extranjeros está muy por debajo de la media y no llega ni siquiera a suponer el 1% del total nacional. Aún así, el mercado inmobiliario gallego crece, pero a un ritmo mucho menor que en el conjunto de España.

La demanda extranjera de vivienda en España no afloja su escalada de los últimos años. Desde 2009, el año en el que se produjo el mínimo histórico, no ha parado de crecer año tras año y ya en la actualidad sobrepasa las 53.000 operaciones, lo que supone que el 13,25% de las ventas del sector tiene como protagonistas a inversores foráneos, con lo que la línea ascendente de este mercado se consolida con notable fortaleza, según el Anuario Inmobiliario del Colegio de Registradores.

Las ventas de vivienda a inversores forasteros, que encadenan ocho años consecutivos de crecimiento en nuestro país y que han triplicado en este tiempo su peso porcentual, sin embargo no se distribuyen de manera uniforme. Mientras en Baleares y Canarias estas operaciones rondan el tercio del total de transacciones registradas, en Galicia no alcanzan siquiera el 1%. Es el porcentaje más bajo del país y es la única comunidad que no llega ni a ese umbral mínimo (0,79%).

Los datos estadísticos muestran abiertamente el poco interés que tienen los inversores extranjeros por el mercado inmobiliario gallego, que es el farolillo rojo del país. Durante el ejercicio anterior apenas 106 operaciones de las 13.475 ventas totales nacionales fueron llevadas a cabo por extranjeros, una tendencia que se mantiene constante a lo largo de los últimos años. Por provincias, Pontevedra es la única que sobrepasa el 1 % del total de ventas a forasteros. En el extremo opuesto se encuentra la provincia de Lugo, cuyas ventas no superan el 0,45%.

La actividad del mercado inmobiliario gallego crece a un ritmo del 6,83%, casi la mitad que en el conjunto del país

Se pueden aventurar razones de diverso tipo para dar explicación al hecho de que el mercado inmobiliario gallego sea prácticamente invisible para los potenciales inversores extranjeros, pero la más aceptada en Galicia por la gente del sector es que “nadie nos conoce fuera de nuestras fronteras”. Es verdad que la mayor parte del turismo que entra en España tiene como destino las islas o las costas levantina y andaluza, pero no Galicia. Los británicos, alemanes o rusos que terminan comprando una segunda residencia en nuestro país, lo hacen después de una primera inmersión como turistas de sol y playa en esos destinos preferentes.

Por otra parte, también se apunta como causante de esta ausencia de inversión extranjera en el inmobiliario gallego la muy escasa política de vivienda llevada a cabo por parte de la Xunta, que ha sido tildada en la última década de errática y sin una línea clara. Que la Administración no haya hecho prácticamente nada en favor del sector también se considera que tiene que ver en la escasa proyección exterior que tiene la comunidad.

Ese 1% escaso de ventas foráneas en Galicia tiene como principales destinatarios a los vecinos portugueses (18,10%), seguidos de los británicos y los chinos, ambos con el 5,71%. Completan el listado de nacionalidades Estados Unidos, Venezuela, Argentina, Francia, Italia, Marruecos y Rumanía. Es innegable que el mercado residencial gallego -principalmente de apartamentos en la costa- se está recuperando y que el sector atrae a la que desde siempre ha sido su clientela natural: principalmente, Madrid, Castilla-León y el País Vasco, junto con el norte de Portugal.

Además de este dato relacionado con el turismo, otro factor que también tiene gran influencia como elemento diferencial que explica las bajísimas cifras que arrojan las ventas inmobiliarias a extranjeros, está relacionado con la inmigración. A diferencia de lo que sucede en otras zonas, como Madrid, Cataluña, Andalucía o las islas, en Galicia la inmigración es residual, por lo que no ha habido una compra de vivienda significativa por parte de este sector de la población.

La dación de pago en Galicia es escasa

El Anuario Inmobiliario 2016 confirma que el número de operaciones de compraventa de viviendas se incrementó en todas las comunidades el pasado año, aunque de forma desigual. Así, en el conjunto del país se registraron casi 404.000 operaciones, casi un 13,9% más que en el año anterior, mostrando mayor dinamismo el mercado de segunda mano (creció el 18,5%) que el de obra nueva (cayó un 3,2%). Galicia replicó la tendencia, ya que registró 13.475 transacciones, aunque el incremento porcentual, del 6,83%, fue casi la mitad que el estatal.

 

Mercado inmobiliario gallego de vivienda de obra nueva

 

La estadística también muestra un intenso descenso de los impagos hipotecarios. En 2016 en la comunidad se registraron 186 daciones en pago, lo que se traduce en un descenso interanual del 30,6%, de nuevo con una tendencia casi idéntica a la de la media española, donde el número de daciones (8.549 en total) se redujo un 32,2%. Junto con las daciones en pago, también cayeron drásticamente las certificaciones por ejecución de hipotecas, que en la comunidad se redujeron a la mitad (573 en 2016) respecto al año anterior.

Otro de los aspectos llamativos del mercado inmobiliario durante el pasado ejercicio es que, por ejemplo, desde el año 2007, antes del estallido de la crisis, se ha doblado el tiempo de posesión de las viviendas, que ha pasado de 7 años y tres meses a 13 años y cuatro meses debido a las dificultades para vender.

Parte de la población gallega considera que estos datos relativos a las ventas del sector inmobiliario de la comunidad, en cierta manera entendidos como negativos, tampoco hay que barajarlos como tales; en algún sentido se interpretan como algo positivo por los habitantes de las zonas costeras, que no quieren tener como referencia el modelo inmobiliario existente en las playas del sur de la península o en el Levante español, con la sobreexplotación urbanística que comporta y las negativas consecuencias medioambientales que lleva consigo. Este sector de la población apuesta por la recuperación de entornos no urbanos con vivienda rehabilitada, así como por la creación de hoteles rurales y otros proyectos similares, como alternativa a esa escasez de la demanda.

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