Cervantes se merecería un gran homenaje

En 1616 moría en Madrid un genio indiscutible de la literatura universal llamado Miguel de Cervantes. Se conmemora este año el cuarto centenario de la muerte del más célebre escritor en lengua española de todos los tiempos y sin embargo no termina de salir de la sombra el autor del Quijote, no acaba de consolidarse con la fuerza que se merece el año Cervantes.

Centenario-cervantes

Casualmente este año es también el aniversario de la muerte de otro de los más grandes genios de la literatura universal, William Shakespeare, pero a Shakespeare y a Cervantes no los trató la vida de igual manera ni la historia les rinde honores de igual modo. “Shakespeare, que procedía de una clase media-baja lo mismo que Cervantes, acabó siendo un buen burgués en su pueblo natal”, asegura el hispanista Edwin Williamson, de la Universidad de Oxford. Poseyó en su vejez la segunda casa más importante de Stratford. Sin embargo, “Cervantes tuvo una vida muchísimo más agitada y desgraciada, sufrió un montón de dificultades y frustraciones, que ni siquiera el enorme éxito del Quijote pudo remediar”. Es verdad, Shakespeare murió rico y con un total reconocimiento a su trabajo por parte de sus coetáneos, mientras que Cervantes terminaba sus días en la indigencia, sin haber triunfado y en un osario común de la iglesia de las Trinitarias Descalzas.

2a_Retrato apócrifo de Cervantes en la RAE

Ahora, 400 años después, en el Reino Unido se desarrollan múltiples actos en memoria del escritor inglés y hasta el primer ministro, David Cameron, se ha erigido en altavoz de los méritos literarios de su compatriota, mientras que en España no dejan de escucharse críticas por la falta de previsión para homenajear a nuestro escritor más universal.

Desde el director de la Real Academia, Darío Villanueva, hasta el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha, pasando por directores de teatro, como Juan Carlos Pérez de la Fuente, encargado de poner en escena la tragedia cervantina ‘El cerco de Numancia’ con motivo del aniversario, o por reconocidos cervantistas como José Manuel Lucía, catedrático de la Universidad Complutense y comisario de la exposición ‘Miguel de Cervantes: de la vida al mito’, han vertido duras críticas contra la actitud oficial respecto al aniversario del más grande autor de las letras españolas.

Se constituyó en su momento la comisión del centenario de Cervantes, cuya presidencia de honor ostentan los Reyes de España, al objeto de impulsar y coordinar actividades para el IV centenario, aunque no se puede decir que los actos hasta ahora puestos en marcha hayan tenido la resonancia mediática esperada. Darío Villanueva, director de la Real Academia Española, autor de numerosos estudios sobre la obra cervantina y uno de los más críticos con la modestia de las celebraciones y la escasez de recursos institucionales, lamenta la situación: “No se trata de programar actividades sueltas en torno a su figura sino de que haya un movimiento del conjunto de la sociedad y las instituciones para complacernos en la gloria cervantina, reconocida universalmente. No olvidemos que al español se le llama la lengua de Cervantes y que él es el inventor de la novela moderna y un escritor que se ha hecho clásico por la manera en la que sigue conectando con los lectores de hoy”.

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Realmente choca el desinterés del que se hace gala en esta ocasión única para airear a todo el mundo la marca España y la poca consideración interna que tenemos para con nuestros talentos y nuestro idioma. Según el filólogo Carlos Domínguez, que trabaja en la Real Academia desde hace más de un cuarto de siglo, es una inconsciencia dejar pasar esta gran oportunidad para potenciar nuestra lengua más allá de nuestras fronteras. “Hay que tener en cuenta que el español es la segunda lengua más hablada del mundo, con más 500 millones de hispanoparlantes, que en EE.UU. hay más de 40 millones de personas que hablan español y que para el año 2050 se espera que el 10% de la población mundial se entienda en nuestro idioma”. Si unimos esto a que un 15% del producto interior bruto (PIB) de un país se considera que está vinculado a la lengua, cuando menos hay que considerar una imprudencia no aprovechar la ocasión para celebrar por todo lo alto el cuatricentenario de la muerte de nuestro literato más universal.

Tanto la vida como la obra de Cervantes y de Shakespeare, han sido puestas en cuestión de diversas formas. Si bien en el caso de Cervantes nadie ha cuestionado la autoría de sus obras, según Andreu Jaume, filólogo y estudioso de la literatura inglesa, en el de Shakespeare se ha puesto en duda que el de Stratford fuese realmente el autor de los trabajos por él firmados, “que se han atribuido al filósofo y político Francis Bacon, a la reina Isabel de Inglaterra, al conde de Oxford o al dramaturgo Cristopher Marlowe”.

Según el cervantista Francisco Rico, en el caso de Cervantes, las dudas no han surgido en relación a sus obras “sino con esas identificaciones esotéricas con otro Miguel de Cervantes con partida de nacimiento en otro lugar que Alcalá de Henares, o diciendo que era un judío de Sanabria, un criptojudío, o que era catalán o mallorquín…”. Muchos analistas están convencidos de que la biografía está plagada de errores. Asegura el investigador César Brandariz que el autor de El Quijote no murió con 68 sino con 65 años, que no había nacido en Alcalá de Henares sino que era natural de Cervantes, en Sanabria, comarca limítrofe con Galicia, León y Portugal, que estudió en los jesuitas de Monterrey y que el apellido del escritor procede de la zona de Cervantes en la provincia de Lugo.

Ni siquiera tenemos constancia fehaciente de cuál era la verdadera fisonomía de Cervantes. No hay datos sobre su auténtico aspecto al margen de la descripción física que él hizo de sí mismo en la primera edición de sus Novelas Ejemplares. Todo parece indicar que ninguno de los retratos que se han publicado es realmente auténtico, incluyendo el más conocido, supuestamente hecho por Juan de Jáuregui, que hoy luce en el salón principal de la Real Academia Española. El destacado historiador Jaime Fitzmaurice-Kelli, ha realizado un estudio muy pormenorizado, con el que pretende demostrar que el retrato no es obra del mencionado pintor, ni es Cervantes el retratado.

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